Por Marcela Sinturión

miércoles, 11 de febrero de 2026

EL MUSEO QUE HUELE A SOPA E HISTORIA VIVA

 


Ayer quise empezar a escribir la historia de Epecuén. Después de la excursión y de escuchar a la excelente guía —epecuense, testigo joven de la inundación— sentí que tenía datos, fechas, imágenes… pero no tenía alma. Algo me faltaba. La historia no quería dejarse escribir.

El día amaneció ventoso y fresco. Ideal para caminar. Google me marcaba museos y yo decidí seguirle el rastro, como quien busca una pista. Desde mi alojamiento caminé varias cuadras hasta llegar a la plaza principal, miré el edificio imponente de la intendencia, entré al museo Adolfo Alsina —donde tardaron varios minutos en notar mi presencia— y recorrí vitrinas prolijas con objetos silenciosos. Todo estaba allí, pero había que leerlo en etiquetas. Sin códigos QR, sin voces. Solo piezas quietas esperando que alguien descifrara su pasado.

Luego fui a la casa de la última fortinera: cerrada. La mansión Razquin: también cerrada. Y entonces llegué a la calle Lonardi 944. El GPS anunció: “Ha llegado a su destino”. Miré alrededor. Solo un hombre mayor sentado en la vereda:

—¿Aquí es el museo?

—Sí, sí… espere un ratito que ando medio mal de la rodilla.

Yo, porteña acelerada, ya me había metido en el garaje con reposeras abiertas. Él buscó su bastón con dificultad y empezamos el recorrido. Antes de ver nada, lo primero que me envolvió fue el aroma a sopa casera. Un olor tibio, doméstico, vivo. Nada que ver con los museos anteriores.

Comenzó a contar cómo había reunido cada objeto, cómo funcionaban algunos mecanismos antiguos. Hasta que llegamos a una fotografía de Epecuén en su esplendor. Ahí algo cambió. Una sombra cruzó sus ojos. En ese instante entendí que no estaba frente a un simple coleccionista. Era Lito. Nunca se presentó; no hizo falta. La pasión lo delataba.



Esa imagen era su talón de Aquiles.

Habló de la inundación. De decisiones mal tomadas. De advertencias desoídas. Se detuvo frente a un enorme tornillo sin su tuerca.

—A mí me han amenazado por contar la verdad —dijo—, pero no me importa. Yo lo viví. Yo sé lo que pasó.

Lito no era de Epecuén; era carhuense. Pero en noviembre del 85 fue segundo jefe de bomberos. Recordó la fisura en el terraplén, la reparación apresurada, la orden de abrir la compuerta. Recordó haber advertido que no alcanzaría. Que hacía falta un canal para encauzar el agua del Ameghino. “Usted está para obedecer”, le dijeron. Y obedeció.

En sus ojos de anciano todavía vive el arrepentimiento del hombre joven que no se animó a enfrentarse.

Me contó cómo forzaron la compuerta, cómo rompieron los tornillos con maquinaria especial. Ese pedazo de metal que hoy exhibe es más que un objeto: es la esquirla de una decisión que cambió la historia.

Después habló de la campana de la iglesia de ese pueblo bajo el agua. La rescataron del fondo del lago. Se la llevó a su casa. Durante dos años le quitó la sal con una espátula, con paciencia artesanal, capa por capa, hasta devolverle el brillo al bronce que había dormido bajo el agua. Cuando volvió a sonar en la iglesia de Carhué —esa que yo tampoco pude visitar porque estaba cerrada— fue como si el pueblo respirara otra vez.

Seguimos. Autos antiguos que aún funcionan. Una fábrica de soda que enciende de a un módulo “porque si no, salta la térmica”. Una réplica de juguetes que apagan incendios con un tanque australiano. Un proyector de cine, su otra pasión, que lo llevó a restaurar el cine del pueblo y a trabar amistad con Pino Solanas durante el rodaje del documental “El viaje”.

Le pregunté si el municipio lo ayudaba.

Su rostro se tensó.

—No. Ellos no quieren que yo cuente la historia real.

No pregunté más. Comprendí que la térmica que podía saltar no era solo la eléctrica.



Antes de irme, me animé a una última pregunta:

—¿Qué pasará con todo esto cuando usted ya no esté?

—No sé… Tal vez el municipio. Tal vez mis herederos lo vendan.

En su voz había una tristeza serena. Como si supiera que, sin él, muchas de esas piezas dejarán de latir.

Al salir, su esposa Mabel estaba sentada en una reposera. El aroma a sopa era más intenso. Me miró y preguntó:

—¿Le gustó el museo?

Le dije que sí. Que era fascinante. Que ella también debía tener mucho para contar.

—Más de sesenta años juntos —respondió—. Entre novios y casados. Y todavía tenemos chispazos. A él le cuesta no poder dedicarse a todo esto como antes. La salud a veces no lo acompaña.

Y Mabel dijo una frase que me llevo como máxima para mi vida:

—Yo le digo a Lito: Así como aprendemos a caminar, también tenemos que aprender a envejecer.

 

Cuando me fui, entendí por qué no podía escribir la historia el día anterior. Me faltaba esto. Me faltaba una voz que no estuviera en una etiqueta. Me faltaba el olor a sopa. Me faltaba la culpa, la pasión, la terquedad y el amor de un hombre que se niega a que el agua se lleve también la memoria.

Ahora sí tenía mi historia.

 (11 febrero 2026)

Nota final

El 10 de noviembre de 1985, tras lluvias extraordinarias y una cadena de decisiones políticas inconclusas, el terraplén que protegía Villa Epecuén cedió. El agua avanzó sin pausa y el histórico balneario quedó sumergido bajo el lago. Sus 1.500 habitantes fueron evacuados en pocos días; no hubo víctimas, pero sí un desarraigo total.

Fundada en 1921 y famosa por sus aguas hipermineralizadas —comparadas con el Mar Muerto—, Epecuén había sido durante décadas un polo turístico de élite, conectado por tres líneas férreas y preparado para recibir miles de visitantes cada temporada. Sin embargo, su ubicación en el sistema de lagunas Las Encadenadas la hacía frágil ante los ciclos hídricos. Las obras de regulación proyectadas en los años 70 quedaron inconclusas, y la defensa final fue apenas un terraplén insuficiente.

El lago cubrió el pueblo durante casi veinte años. Cuando el agua retrocedió, dejó al descubierto ruinas blancas, cristalizadas por la sal, convertidas hoy en símbolo de la vulnerabilidad humana frente a la naturaleza… y también frente a las decisiones políticas.

martes, 12 de septiembre de 2023

JESÚS DE NAZARETH, LA PASIÓN 2023

 



Cuando vi el anuncio en las redes, le dije a una amiga: Tenemos que ir. Obtuve el si de ella y sin pensar compré las entradas. LLegó el 10 de septiembre y allí estábamos expectantes. El apellido Malher ya prometía una buena función y nosotras amamos las buenas producciones.

 Una excelente puesta en escena, más concentrada en el mensaje y la actuación que en la escenografía. Más de 100 artistas en el escenario y con una orquesta de 35 músicos tocando en vivo. Impecable interpretación de instrumentos, creando los ambientes de cada escena y las voces a la altura de los temas.



El mensaje sencillo y claro como lo es siempre, con escenas muy bien articuladas en una dirección detallista, donde nunca faltaba la actuación en los cuadros secundarios y la participación de niños que generaron la cuota de ternura. La sorpresa de buscar al actor que se oía en su diálogo pero no estaba en escenario, hasta que una luz te ubicaba a la voz con su personaje en medio del público,y te encontrabas en la elección a la que te llama Poncio Pilato: Jesús o Barrabás, o siendo parte del peregrinaje de los seguidores de Jesús durante el vía crucis.

 


Hablando de vía crucis, muchos de los cuadros tenían una fuerte impronta renacentista y más parecido al imaginario católico que al desarrollo de los hechos bíblicos como La Piedad o el impoluto Jesús rubio de pelo lacio (excelente actor por cierto). Pero ninguno de estos detalles que no escapó a nuestro escrutinio artístico y teológico, obstaculizó el mensaje, que como Jesús dijera en algún momento: “El que tenga oídos, que oiga”.

En fin, salimos satisfechas sabiendo que las decisiones de los espectadores luego de ese mensaje de esperanza, de fe y unidad es lo que nuestro país necesita, no solamente cantar el himno nacional como se hizo al comienzo y terminando con un ¡Viva la Patria! que daba más para un ámbito político que artístico. Y como dijera Malher en sus palabras finales: no importa de que religión seas, los principios y valores desarrollados en la obra son para todos. Por eso me apego a las palabras del verdadero Protagonista: “El que tenga oídos, que oiga”.

 


 

sábado, 11 de septiembre de 2021

¿QUIÉN TIRA LA PRIMERA PIEDRA?

 



En primer lugar, hablaremos (o escribiré) sin caretas. Todos sabemos que en todas las congregaciones vamos a encontrar lo que genéricamente llamamos pecado: Infidelidades, resentimientos, avaricia, robo, fornicación, competencia, adulterio y demás. La humanidad de todo cristiano lucha por no caer en alguna de esas tentaciones.

Dicho esto, paso a comentar la serie Greenleaf que se transmite por Netflix. Son cinco temporadas y no quisiera spolear nada y si a veces se me escapa, perdón.

Algunos dicen que la serie "El Reino" es una copia burda de esta serie. No estoy de acuerdo, por lo menos no por ahora, no con solo la primera de sus temporadas de la argentina ¿Porqué? Porque Greanleef es la historia de una congregación de hombres y mujeres con fallas, si bien se centra en la familia pastoral y sus pecados, también se muestra las consecuencias de esas decisiones.

En una realidad totalmente norteamericana, por cierto, no todas las iglesias se manejan como muestra la serie. Una iglesia independiente, levantada por sus propios pastores, aparentemente no dependen ni quieren depender de ninguna organización, aunque sí basan sus decisiones en una junta de diáconos.

Allí se muestra la realidad humana repartida en sus personajes, sus luchas por conservar los principios bíblicos, sus caídas, sus peleas, sus celos, sus ambiciones. ¿Quién puede tirar la primera piedra?

Si, es verdad, en los primeros capítulos se muestra todo lo negativo de los supuestos "santos" y lo positivo de los supuestos "mundanos" pero ahí está la clave del desarrollo de esos personajes a lo largo de las distintas temporadas. Lo que un guionista llamaría "el arco del personaje” que según los teóricos sería la transformación del punto de vista, de opinión, de vida que sufre desde el comienzo hasta el final de la historia, los estadíos por los que atraviesa y el crecimiento psicológico o emocional que experimenta para llegar a ese cambio. Así que no los juzguen hasta llegar al último capítulo de la temporada 5 y preparen varios pañuelitos porque no van a poder contener las lágrimas.

No somos santos en el sentido literal y de construcción social de la palabra, pero es justamente ese detalle de ser humano que nos hace dependiente de un Dios Santo. Cristianos capaces de reconocer sus pecados más graves, capaces de arrepentirse de ello hasta las lágrimas, capaces de pedir perdón y perdonar.

Una frase que se repite a lo largo de las temporadas es: “Trato de hacer lo correcto” y es ese camino de aciertos y errores el que transitan durante todos los capítulos.

También, como en El Reino hay un pastor dentro de esa familia que es abusador, contra el cual su sobrina lucha para encarcelarlo y finalmente… no, mejor no les cuento el final de ese personaje.

El disparador también, como en El Reino, es una muerte, pero en este caso de un miembro de la familia pastoral. Ahí la protagonista vuelve a reunirse con su familia y con su congregación y comienzan a aparecer las diferentes situaciones conflictivas a resolver, que van armando una trama que finalmente termina con un mensaje esperanzador. La diferencia con la primera temporada de El Reino, es que Greanleef predica, a mí entender da un mensaje, hay Biblia, hay algo de doctrina, hay servicio social, hay drama y trama digna de seres humanos imperfectos pero que buscan sinceramente la ayuda de Dios.


Esa transformación en sus personajes principales es lo que muestra una iglesia verdadera. Esa ambición por el poder que casi les hace perderlo todo, pero que al fin entienden la enseñanza del sufrimiento, el poder verdadero de la confesión y el perdón, la aplicación de la verdad como causa de la libertad y la realidad de las corporaciones eclesiásticas usadas para el poder sin escrúpulos y nosotros (los cristianos) sabemos que eso, no es iglesia.

En resumen, una serie para mirar con ojos de seres humanos imperfectos y no de cristianos super santos, para empatizar con algunos personajes y quizá hasta identificarnos con algunos, porque generalmente hablamos del perdón a quienes predicamos pero a veces somos más duros por tratarse de una familia dedicada al pastorado, como si eso, los hiciera menos humanos.

Así que, ya anunciada la segunda temporada de El Reino, la espero, porque quisiera encontrar ese arco de personajes donde el amor de Dios le gana a la ambición y produce un verdadero encuentro con El. Quizá nos de una sorpresa al final y haya cambios y arrepentimientos para el bien común. Esperemos.

Dios es bueno, toooodooo el tiempo.


miércoles, 18 de agosto de 2021

EL REINO, ACIERTOS Y ERRORES DE UNA PRODUCCIÓN TENDENCIOSA

 


No voy a negar que esperé verla y que traté de vaciarme de los prejuicios hacia ciertas actrices antes de analizarla.

Así que puse mi cabeza en frío y la miré, a veces con ganas de saltar como leche hervida, pero me las aguanté hasta el final de toda la serie.

¿Cuáles fueron mis conclusiones?

En cuanto a guión, quiero darle el respeto que se merece la estructura de ir revelando secretos poco a poco y de mantener la estructura coral, lo cual no es sencillo. Al ser evangélica, cuando empezaron a comentar el inicio de esta producción y luego mostrar su trailer, obviamente quería saber cómo iban a representar a la iglesia y sus miembros. Ahí tengo que darle mi pulgar para abajo y detallaré esas escenas (las que me acuerde):

1.   El supuesto exorcismo del personaje del Chino Darín, tengo que reconocer que me dio risa. No sé qué quisieron representar con ese grupo de personas con túnicas y cascabeles en sus manos. Escena para el olvido, yo pensé que simplemente el personaje se pondría frente al micrófono y contaría su verdad (hubiera sido más verosímil)

2.    La sobreactuación de la “pastora” tirándose al piso en una especie de trance que toda una congregación aceptaba y aplaudía. No dejé de preguntarme: ¿Qué fue eso? Más digno de un sainete que de un drama.

3.    La pastora declarando frente a la fiscal refiriéndose a su congregación como “evangelistas”, cuando nos denominamos “evangélicos”. El evangelista es otra cosa, al que quiere me lo pregunta por privado y se lo explico, pero si escribís un guión sobre ese personaje o actúas como pastora, no podés cometer ese error. Hubiera estado bueno que la fiscal la llamara “evangelista” y la pastora la corrigiera.

4.    El pastor hablando con Dios frente a la cruz. Nada más alejado de nuestras prácticas, digamos que hablando en su habitación o aún en el templo pero parado y caminando hubiera sido más creíble (si quisieron representar un pastor evangélico claro). Somos más parecidos a un loco hablando solo, que a un cura rezando, pero bueh, sabrán ellos por qué eligieron esa puesta.

5.    En ese mix de videos de archivo cuando explican el origen del personaje de Furriel (me encantó su interpretación) y en otras escenas, como el conteo de dinero, meten en la misma bolsa a los evangélicos con la Iglesia Universal. No somos lo mismo, no caminamos por la sal para obtener algo divino ni necesitamos agua de Tierra Santa para sanarnos. Por supuesto que se levantan ofrendas y diezmos, basados en enseñanzas bíblicas para el sostén del templo y las acciones sociales. La luz, el gas y otros servicios no lo regalan, hay que pagarlos y una estructura con empleados en blanco también.

6.    La “veneración y cuidado excesivo” hacia el adolescente con poderes sobrenaturales es más de perfil católico, para nosotros lo sobrenatural es más natural.

Por lo demás, el pastor abusivo, el tema del dinero, los hijos descarriados, la ambición del poder eclesial, sin duda, son situaciones que se han dado dentro del ambiente evangélico. Quizá son los menos, pero es lo que vende en una serie de ficción. No sé si culpar a la producción por eso. Sólo marco los errores que podrían haberse evitado y a continuación, lo que verdaderamente marca estas historias.



La serie, por más que el título nos remita a un reino, no sólo se refiere al ambiente evangélico, trata de mucho más. Trata de un entramado corrupto a nivel internacional del cual el pastor pasa a ser un títere. 

Para serles sincera, me llamó más la atención el personaje de Joaquín Furriel, excelentemente interpretado. Aún la trama alrededor de ese personaje me pareció impecable.

Lo del ámbito eclesial pasa a segundo plano cuando veo el tema de la elección de un pastor como candidato para poder manejarlo a su antojo según estas fuentes extranjeras que ostentan el poder mundial. Me parece una anécdota el tema pastoral, al lado de toda la corrupción política internacional y nacional alrededor. ¿Por qué? Porque en estadísticas, es mayor la inmoralidad en la política que extiende su mano negra a instituciones como la policial y a la justicia, que en las iglesias evangélicas en Argentina, las cuales tratan de contener y servir a la gente que lo necesita. Pero, claro, la parte buena no vende y esto es una ficción.

Si realmente querés saber lo que hace Dios, lee  "Se murió y ahora que?"

domingo, 11 de abril de 2021

VEAMOS LO QUE NADIE VE




Una mañana de feriado, dedique unas horas a trabajar con mí huerta y mis plantas. Vivo en una casa en la ciudad, por lo que mi contacto con la tierra es a través de macetas y un huertero de madera en la terraza.

Muchas veces aparecen plantas de semillas que han sido depositada por aves o por el mismo viento, por eso, no sé en qué momento apareció una suculenta llamada Kalanchoe la cual al crecer se llena de brotes en los bordes de sus hojas. Para saber más sobre ella, con Google Lens busqué como se llamaba, que propiedades tiene, como cuidarla y más detalles.

Ahí descubrí que en algunos lugares la llamaban “mala madre” porque siempre pierde a sus “hijos”. Esos pequeños brotes se esparcen por todas partes. Si encuentran tierra, comienzan a crecer, de lo contrario caen al piso y son llevadas por las palomas, pájaros y cuanto bicho con alas aparece en la terraza o van a parar a la basura cuando baldeo. Me daba tanta pena no darle la oportunidad de crecer que comencé a plantarlas en el árbol de la puerta de casa.


Mi Kalanchoe en su nueva maceta

Es muy invasora, por lo que decidí sacarla de mí huertero (habían caído ahí desde una planta cercana) y del balde macetero con el limonero con el fin de darle una maceta propia. 

Con cuidado, cavé alrededor de ellas para no malograr la planta anfitriona. Tomé la “mala madre” ya muy crecida tratando de no arruinar sus raíces y me di cuenta que estaba unida por la raíz a los nuevos retoños que empezaban una vida separada de su madre pero en el mismo trozo de tierra.

Esto me llevó a una reflexión. Que fácil es juzgar por lo que vemos por fuera (una planta "mala madre" que pierde sus brotes fácilmente). Esto nos pasa cuando vemos una madre desbordada que regaña a sus hijos delante de todos, un hijo que hace berrinche en un lugar público, un adolescente contestador, en seguida nuestra mirada va hacia la madre y su crianza, aunque no sepamos nada de la historia de esa familia.

Sin embargo, esa planta juzgada por perder sus retoños, lograba unir los brotes que caían en su mismo espacio a través de la raíz, pero claro, eso estaba bajo tierra, no se podía ver.

A veces, lo que vemos por fuera, es la consecuencia de algo que sucede o sucedió, un niño berrinche puede tener un problema, no juzguemos a la madre; un adolescente contestador puede estar pasando por una infinita angustia interna sin poder comunicarlo, no juzguemos al joven ni a su crianza.  Una madre que no actúa frente a los enfrentamientos de su hijo puede ser una madre agobiada y cansada de los problemas.

Aprendamos a no juzgar y creernos los mejores padres, una madre siempre que pueda mantendrá ese lazo bajo tierra aunque sus hijos crean que se han independizado, siempre estará allí para cuando necesite y le daría su propia savia o sangre si lo necesitara. No es mala madre, ni es un hijo/a malcriado solo que a veces las situaciones cotidianas, los diagnósticos, la muerte de un ser querido y millones de circunstancias pueden hacer desbordar a la "mala madre". Ofrecé tu ayuda, no tu juicio.

No juzguemos solo lo que vemos. Veamos lo que nadie ve.






viernes, 24 de mayo de 2019

HERMOSO NIÑO SALVADO DE LA MUERTE





Vi esta foto, leí las noticias y nacieron estas líneas. Ojalá algún día las lea.

Hermoso niño de dos años
Salvado de la muerte y del egoísmo
Hoy disfrutas de ser amado
Porque también fuiste elegido.
Una familia fue feliz
Al tenerte entre sus brazos
Y te quitaron el dolor, de ese gran rechazo.
Sin embargo, en una corte aún sigue en primer plano
la injusticia, el rencor y argumentos infundados
¿Qué culpa tenes hermoso niño
de cómo fuiste gestado?
Eras una vida escondida y hoy te estás desarrollando
Disfruta hermoso niño
De lo que te quisieron negar.
Una madre, un papá, el calor familiar.

Quién te salvó está en problemas,
Quién te gestó está enferma
Y la sociedad que te quiso matar
no les da tregua.
Te pido perdón, hermoso niño
Por esta humanidad tan perdida
Por esas mujeres que no te tuvieron en cuenta
Y se ensañaron con tu vida.
Crecé sano, crecé fuerte
Los dolores del alma te fortalecen.
No te preocupes, hermoso niño
Crecerás feliz a pesar de los problemas
Porque un gran propósito hay con tu vida
Y nos alegraremos cuando suceda.

Descansa, hermoso niño,
Descansa y sueña
En los brazos de esa familia

que te quitará las penas.








domingo, 21 de abril de 2019

NO JUZGUES, INTENTA COMPRENDER


No juzgues, intenta comprender


Mientras esperaba en una sala, una madre trataba de contener a su hija de 3 o 4 años que lloraba tirada en el piso. En un momento, la niña la muerde y ella reacciona pegándole en el brazo.

Los ojos de los que compartíamos la sala se posaron sobre esa avergonzada madre.
Unos cuatro o cinco adultos estábamos todo el tiempo mirando a la nena hasta que la madre le da el chirlo. Automáticamente, las miradas se posaron en la mujer. Pensé lo mismo que todos: ¡Le pegó! ¿Cómo pudo hacer eso?! 




Pero, en cuanto miré a esa adulta, vi sus ojos llenos de lágrimas. Sentí su dolor, su impotencia, su arrepentimiento por la reacción. Sentí el amor que le tenía a su hija, pero también la gran necesidad que ella tenía de contención. Ella también se desborda, también llora, también patalea en su interior, solo que nadie parece entenderla, solo juzgarla.
Quizá en su embarazo nunca pensó que pasaría por eso, pero lo enfrenta, busca lo mejor para la recuperación de su hija, ha abandonado estudios, trabajo, quizá al resto de la familia para ayudarla. Pero a veces siente que se queda sin fuerzas.

Finalmente, la terapeuta logra controlar a la nena y la lleva al consultorio, mientras la madre esconde sus lágrimas, sola, una vez más.

(Basado en una historia real de una sala de espera)

jueves, 1 de marzo de 2018

YO, LA MALA




YO, LA MALA
LA MALA QUE TE DEJA TAREAS DOMÉSTICAS PARA HACER
LA MALA QUE TE LEVANTA TEMPRANO
LA MALA QUE TE OBLIGA A COMER VERDURAS
LA MALA QUE TE SACA HORAS DE TECNOLOGÍA
LA MALA QUE TE MANDA A ESTUDIAR
LA MALA QUE TE ENVÍA A PEDIR PERDÓN
LA MALA QUE TE DISCIPLINA
SI, SOY YO, TU MADRE, LA MALA

PERO CUANDO SEAS GRANDE
TE DARÁS CUENTA QUE "ESA MALA"
TE  MOSTRÓ LÍMITES
TE ENSEÑÓ ORGANIZACIÓN
TE INCENTIVÓ A ENFRENTAR TUS ERRORES Y REPARAR

TE DARÁS CUENTA QUE POR ESA MALA
SOS UN JOVEN COLABORADOR
UNA PERSONA CON SALUD
SABES RESPETAR LOS LÍMITES
PODES TENER UNA VIDA ORDENADA
Y TE RESPONSABILIZAS POR TUS ACCIONES.

QUIZÁ AHORA SEA "LA MALA"
PERO TODOS VERÁN EN VOS
A QUIEN BIEN TE EDUCÓ CON AMOR

(Para mis amados hijos)

lunes, 15 de enero de 2018

No seas como Salieri




F.Murray Abraham en el personaje de Salieri

Antonio Salieri, un admirador de Mozart, conocido en la historia como el símbolo a la envidia, tiene su propio film. Sin embargo, la película lleva el nombre de su rival: Amadeus.

Esta producción fue nominada a once categorías del Oscar en 1984, de los cuales ganó ocho. Sin duda, una verdadera joyita para los cinéfilos.
Si bien es un texto adaptado del teatro, Milos Forman y Peter Shaffer, supieron imprimirle esa cuota de dramatismo y ficción necesaria para el éxito del film.

¿De qué se trata? La historia está narrada por el propio Salieri, luego de su intento de suicidio, como confesión a un cura. A lo largo de la película se nos cuenta como nace esa enemistad entre dos excelentes músicos.
Aunque históricamente parece no estar comprobada esta rivalidad, lo cierto es que en el relato está bien arraigado como tal y lo supieron llevar majestuosamente a la pantalla grande. (Me gustó la peli, se dieron cuenta no?)
Peter Shaffer, el guionista, tomó lo que se llama el "conflicto cósmico" y lo desarrolló con la vida de Salieri. Y aquí va el punto de mi post: el personaje mantiene una lucha contra el mismo Dios, convirtiéndose en su antagonista.

El cura en su charla con el músico utiliza una frase que enfurece a Salieri: "Todos los hombres son iguales ante los ojos de Dios", a la cual nuestro protagonista responde: "¿Realmente lo son?". Esta afirmación desata en Salieri la necesidad de contar sus gloriosos años en la corte de Austria y el pacto que hizo con Dios: le entregaría su castidad y sus mayores anhelos con tal de conseguir lo único que le importaba: un gran talento musical. 
El detonante de su rencor es cuando Wolfang aparece en la corte y deslumbra a todos con sus piezas.
Tener a Dios como antagonista es más que complicado, ya que es una batalla que se sabe perdida. Pero el personaje decide atacar a lo divino destruyendo a su creación, en este caso, a Amadeus Mozart.


Esta actitud de Salieri, seguramente juzgada por quienes sepan esta historia, no es escapa de los corazones de cada uno de nosotros. Hacé este pequeño test:

  • Te molestás con el éxito de otros?
  • Te angustia no llegar a tus metas cuando miras al otro que sí las logró?
  • Le pediste algo a Dios y crees que se lo dió a otro?
  • Te sientes irritable, molesto todo el tiempo?
  • Descalificás todo el tiempo el trabajo de otro?
  • Siempre crees que vos podrías hacerlo mejor?
  • Te la pasás criticando los "errores" pero no haces nada por mejorar la situación?


Si la mayoría de esas preguntas tuvieron un "si" como respuesta, lamento decirte que estás pasando por la etapa "Salieri" y esa actitud te lleva a luchar contra Dios. Te coloca de la vereda de enfrente, a juzgar, a criticar, a creer que tenés mejores soluciones aunque nunca las propongas. Sin darte cuenta, te convertiste en un esclavo de la envidia, el odio y el rencor. Salieri pensó que matando a Mozart se acabarían sus problemas, sin embargo, sólo lo llevó casi a su propia muerte.

Si ya identificaste que estás en esta etapa de envidia y celos, pues tengo buenos noticias! Podés convertir esa fuerza crítica en fuerza laboral y apuntar a los planes de Dios para vos, en vez de enfocarte en el éxito del otro. 

 "Mis planes para ustedes solamente yo los sé, y no son para su mal, sino para su bien. Voy a darles un futuro lleno de bienestar. Cuando ustedes me pidan algo en oración, yo los escucharé. Cuando ustedes me busquen, me encontrarán, siempre y cuando me busquen de todo corazón.Estaré con ustedes y pondré fin a su condición de esclavos". Jeremías 29:11-14

lunes, 11 de septiembre de 2017

AMOR HISTÓRICO




¡Proteja Dios tus armas, honrado general Paz! ¡Si salvas la República, nunca hubo gloria como la tuya! ¡Si sucumbes ninguna maldición te seguirá a la tumba! ¡Los pueblos se unirán a tu causa o deplorarán más tarde su ceguedad o su envilecimiento! (D.F.Sarmiento) 


Vuelve a releer el final. Piensa en su autor mientras cierra el libro y camina hacia la ventana de reja española. Observa melancólicamente las calles empedradas y los balcones cubiertos de malvones rojos que le hacen recordar su primer día en esta tierra. A sus espaldas, sobre la cama de manta floreada, una maleta a medio hacer. 



Linda es una de las setenta y cinco maestras que fueron traídas de EEUU para desarrollar un programa educativo. Ella había sido elegida para preparar a las futuras docentes de la reciente nación. Sus recuerdos vuelan hasta el momento en que este hombre la entrevista para convocarla al viaje. En esa primer charla, Linda vio en sus ojos un deslumbramiento por la educación americana, a ella no le parecía tan fantástica pero él lucía como si hubiera descubierto un tesoro bajo del mar. Ella le sugirió prepararle un instructivo para que él pudiera entrenar a las nuevas educadoras pero, éste cuarentón era sin lugar a dudas un emprendedor, un insistidor, un perseverante en sus decisiones. Él estaba convencido que lo mejor era llevar este grupo a su tierra y que pudieran transformar la ignorancia en saber. Linda no pudo resistirse ante la mirada de este adulto con ojos de niño. En el largo viaje pudo conocerlo mejor. Charlaron de sus familias, sus ideales, sus enemigos y sobre todo de su gran sueño. Mientras hablaban, ella dibujaba en su mente esta nueva patria a la que tendría el privilegio de visitar. 
“Sé que el presente lo tenemos los adultos pero el futuro está en los chicos”, le decía cada vez que hablaban del tema. Linda estaba impactada con este luchador, quizá porque en su tierra ya no abundaban los revolucionarios amateurs, sino que estaban convirtiéndose poco a poco en políticos desapasionados. Pero como si fuera poco, este hombre tenía la virtud de pensar no sólo en el futuro sino también en el presente y estaba dispuesto a todo para transformar su generación. Ella pensó: “Este hombre va a llegar alto, bien alto, quizá a dirigir este nuevo país”. 



¿Qué estaba pasando? Todo el tiempo este hombre estaba en su mente, soñando, imaginándose a su lado. Linda estaba enamorándose. Le encantaba escuchar sus anécdotas, leer sus libros, su corazón latía más fuerte cuando él le hablaba. Sí, algo estaba pasando. A veces, mientras asistía a alguna tertulia se imaginaba de su brazo, con un largo vestido español, uno de esos que se usaban en las fiestas de la alta sociedad, con un corcet que marcara su figura, un miriñaque amplio que la hiciera sentir importante y un arreglo en el cabello con esas peinetas altas que sostienen el delicado velo que caía sobre los hombros. Adoraba esos vestidos pero todo era una ilusión porque este incansable trabajador no parecía interesarse en ese tipo de celebraciones. Bueno, en realidad, tampoco parecía interesarse en ella, lo único que parecía quitarle el sueño era la realidad de su patria y estaba convencida de que nada ni nadie lo distraería de su objetivo. 




¿Cuánto tiempo habrá pasado? Dos años, cinco, diez... Realmente no importaba, ya había llegado la hora de irse, su maleta debía ser preparada y dentro de ella guardaría todos estos sueños vividos en la tierra de los Buenos Aires. Esa ilusión, que día a día, abrigaba la esperanza de ser un amor correspondido. Su misión había terminado; su corazón recién empezaba a aceptar la realidad: ya no habría malvones rojos en las ventanas, ni paseos por las calles empedradas, ni juegos con niños de tez morena ¿Cómo sería su vida de ahora en más? Quien lo puede saber... Golpean a la puerta y se da cuenta que el cochero vino a buscarla. Cierra su valija y mira cada elemento de la habitación como despidiéndose. Mientras su visión se nubla a causa de las lágrimas, deja casi como en un olvido voluntario, un papel abollado con una nota y la firma de sus sueños: Dios proteja esta nación. Lynda de Sarmiento. 

lunes, 4 de septiembre de 2017

7 EXPERIENCIAS QUE ME HACEN CREER QUE NO EXISTE LA LIBERTAD DE RELIGIÓN NI DE PENSAMIENTO POLÍTICO



A veces me pregunto ¿Cuál sería la definición de “libertad” cuando se habla de religión o política?  ¿Hasta donde llega la posible aplicación del término?
Soy cristiana evangélica y más de una vez vi como mis derechos no eran iguales a los de otra religión. Algunos de esas situaciones las viví con los colegios donde cursaron y cursan mis hijos.
1. Sala de 3 y 4 años. Aniversario del Parque Chacabuco. Mi hijo mayor asistía a educación inicial en un colegio público de Parque Chacabuco. Dicho parque festejaba su aniversario y el colegio participaría en los distintos actos. Me presenté como miembro de una iglesia evangélica del barrio y ofrecí una obra de teatro o bandas musicales. Luego de varios contactos, uno de los grupos organizadores era un colegio católico católico de la zona, así que nunca obtuve el permiso para integrar a mi iglesia a los festejos del mismo parque que compartimos.

2   Luego durante la enseñanza primaria envié a mis hijos a un colegio privado subvencionado por el Estado. Me llegaban por cuaderno de comunicación y también se ponía un cartel en la puerta para aquellos que querían tomar la comunión pasando data día, horario y lugar donde hacer el curso previo. Me presenté, pidiendo la oportunidad para repartir de la misma forma una invitación a un evento de jóvenes. No me lo concedieron por ser un colegio “laico”, sin embargo, es su puerta estaba el anuncio de la catequesis.
3.   3. Años más tarde tuvimos un festejo con la congregación, como institución en la cancha de Ferro. Solicité los permisos necesarios para poder tener la posibilidad de culminar el evento con fuegos artificiales. Nos lo concedieron pero solo por fuera del estadio. Esa misma noche, un club de fútbol hacía un evento y sus fuegos artificiales fueron disparados desde adentro de la cancha sin tener problema alguno. Hice una nota para diarios preguntando porque para algunos si y para otros no. Nunca obtuve una respuesta.

4.    4. La fiesta del Inti Raimi. Todos los años, mis hijos tienen que dar explicaciones de por que no participan de esta fiesta. Disfrazado de “tradición” no es otra cosa que un culto al dios sol de los Incas, con cantos y ofrendas en fogón, todos condimentos de un ritual religioso. Aunque lo hacen en el Parque Chacabuco, se organiza desde los colegios y escuelas de arte. Cabe aclarar que generalmente es un día de semana, en pleno período de clases.

POLÍTICA EN EL COLEGIO
5.   5.  La experiencia en la escuela secundaria de uno de mis hijos no es mucho mejor. Fue elegido como delegado de su clase y comenzó a recibir presiones para incentivar a ir a los alumnos a las marchas docentes. Nunca me pidieron un permiso (tenía solo 13 años) para tal actividad. Tuvo que renunciar. A todo ésto no se dictaban las materias sino se hacía de la clase un lugar de discusión política y presentando a quienes eran, según ellos “los buenos y los malos”. Tuve que cambiarlo de colegio porque no me daba seguridad cada vez que él expresaba una opinión diferente. En mayo solo había tenido dos pruebas y esas notas ni siquiera habían llegado a la dirección, por lo que pasó a otro colegio a un mes de cerrar trimestre sin ninguna nota. El tuvo que esforzarse de tal manera de rendir en un mes todo un cuatrimestre porque sus profesores decidieron no dar su materia.
6.   6.  Otro de mis hijos en un instituto de arte nivel primario les contaron algunas noticias y les hicieron expresar en dibujos como “el policía malo” le pegaba al “docente bueno”, poniendo en la conciencia del niño la adjetivación a toda una institución por el mal desempeño de un par de personas.

7.   7. Ni hablar del reciente tema de Santiago Maldonado. Me duele el corazón ver como se insultan, se menosprecian y se pelean por ponerse en una u otra posición. Soy una analfabeta política, lo sé, pero tengo otros recursos y en este momento el más valioso es la oración y mi empatía con esa familia, por la angustia que deben estar pasando, que les debe importar un pito a quien beneficia o no el caso de su hijo, solo deben querer encontrarlo, abrazarlo y terminar con esa agonía de la espera. Disculpen que no me enrede en discusiones políticas al respecto, prefiero concentrar mis fuerzas pidiendo fortaleza para esa familia. No me juzguen.

Resumiendo. Si la educación es laica en cuanto a religión entonces pido que no se ponga como padrino a una escuela un santo católico y obliguen a mis hijos a hacer una actividad con una estampita del mismo, pido que se me de la misma oportunidad de mostrar mi credo mediante alguna participación sin darme evasivas bajo el título de “laico”.
Quiero que sea laico de ideas políticas también. Una cosa es enseñar historia contemporánea y otra es que el maestro o profesor quiera inculcar sus ideas políticas. Ellos tienen influencia sobre los alumnos, quizá no se dan cuenta o quizá lo aprovechan, no lo sé, pero yo como madre pido que al colegio se vaya a aprender, que den las clases como corresponde, que cumplan con el plan de contenido y que si quieren exponer sus ideas lo hagan un sábado o fuera de horario de clase y que vayan los alumnos interesados, que nunca se use el aula para esgrimir una idea única.
Y lo que sí podrían hacer, es enseñarles como es el voto, a que se llama un cuarto oscuro y hacer un simulacro del mismo. Sin embargo, ni en sexto ni en primer año ni quinto, decidieron tomar una clase para explicar este derecho.
Al menos, esta es mi experiencia.


jueves, 1 de junio de 2017

SE MURIÓ... Y AHORA QUE?

Todavía recuerdo esa fría mañana como si fuera hoy.  Golpes de puertas, llantos, gritos ahogados. Todo parecía un sueño.
Mientras me incorporaba en la cama, miré el rosario colgado en la cabecera. ¿Qué está pasando? No sé.  Me levanto y corro a la habitación de mis padres. cuando me asomo por la puerta mi madre con los ojos llenos de lágrimas me pide que vuelva a mi cama. Detrás de ella, el cuadro no era nada alentador. Confirmado, algo pasa.
No se porque obedecí sin regañar. Volví a mi cama pero sin lograr dormir, solo me puse de rodillas frente al rosario y recé.
Luego de unos minutos, mi madre vino a mi habitación y abrazándome dijo: Papá murió.

En la puerta de casa hace muuuuuchoooooo

¿Qué? ¿Cómo? No podía creer lo que estaba escuchando. Todas esas imágenes de la mañana, volvían a mi mente una y otra vez, dándome cuenta que ése era el momento en que mi padre me abandonaba. Algo se rompió dentro de mí, ya no habría carreras hasta la parada del colectivo, ni elección de postre para el domingo, ni andadas en bici por la vereda, ni mucho menos  brazos fuertes que me sostendrían en protección.
Si, ese era el momento más triste de mi vida y ya no tenía más a quien siempre me había consolado. Sentí algo que nunca había experimentado: vacío, soledad, desprotección. Mis 12 años no lograban comprender como sería mi vida sin él. ¿Qué hacer? ¿Cómo seguir?
Sin embargo, no lloré. Solo callé y pensé que iba a ser para siempre.
Con mi amiga María Paula Asaro en su comunión

Mi madre me lleva a la casa de una amiga del colegio para que su madre me contuviera mientras ella realizaba trámites. Las miradas de compasión y la tristeza en los ojos que me miraban mi hizo dar cuenta que no era un mal sueño.  Era muy temprano y la mamá de mi amiga me hizo acostar en su cama, hacía frío pero una bolsa con agua caliente entibiaba mis pies. El tema es que yo sentía un frío interno,  no pude pegar un ojo, miraba el techo y una y otra vez aparecían como película de terror las imágenes de esa madrugada.
No se cuanto tiempo pasó pero me vinieron a buscar para llevarme al “velatorio”. ¿De quién? ¿Por qué? No quería ir, pero obviamente, había que seguir las reglas sociales, la hija no podía faltar al ultimo adiós. De repente me encontré allí, frente a un ataúd y dentro: un hombre. Se parecía a mi papá, pero para mí no lo era. Salgo de la sala a un cuarto contiguo, allí mi madre llorando rodeada de familiares y amigos. En ese momento mientras mi cerebro trata de procesar la imagen, llegan mis compañeras del colegio con la maestra, me abrazan, se juntan alrededor del féretro y rezan por mi padre. Yo estaba muy enojada con Dios como para participar, pero una vez seguí el protocolo, cerré mis ojos y fingí. Tenía ganas de gritar: Ey! Estoy aquí, yo me quedo  acá sin él, deberían rezar por mi! Sin embargo, todavía no había logrado llorar.
En el cole, recibiendo medalla mejor alumna... si, era nerd y que?

En eso, mientras peleaba internamente con Dios, a quien creía culpable de mi desgracia, una lágrima comenzó a correr por mi rostro. Alguien se acerca y me dice: "NO llores, ahora tenés que darle fuerzas a tu madre". Yo lo miré y una vez más por dentro gritaba: ¿Y a mi? ¿quien me va a dar la fuerza para seguir adelante? Tengo solo doce años y no comprendo nada de lo que está pasando! Guardé mis lágrimas y mi dolor una vez más y asumí la posición que me demandaban. En ese momento decidí que la vida no tenía sentido y que haría lo posible por irme pronto de ella.
A veces, no es necesario suicidarse para morir, simplemente uno decide dejar de vivir, no buscarle sentido ni propósito a lo diario y abandonarse interiormente.
Así que decidí que lo mejor iba a ser enojarme, si enojarme con mi padre por abandonarme, con mi madre por no impedirlo, con los familiares y amigos por exigirme fortaleza, con Dios por haberme quitado lo que más quería.
Sin darme cuenta, no estaba muerta, pero me sentía así. Interiormente la angustia y el enojo solo erosionaban mi posible felicidad. No podía ver perspectiva con mi vida. En mi pensamiento se instaló: Todo lo que quiero lo pierdo. Y así traté de continuar mi camino de odios y rencores hasta los 17 años.  Donde cada día que pasaba era terminar en un llanto ahogado en la almohada y levantarme con ganas de morir.
Extrañaba ese abrazo de padre, esos chistes de mesa, esas charlas de tarde y tantas otras cosas que nunca más se darían.
Los fines de semana eran los días más horribles, la pasaba sola en mi casa esperando que pronto terminara. Mi madre había encontrado la forma de seguir adelante. Salía los viernes a la noche y muchas veces no volvía a verla hasta el domingo a la mañana. Yo pasaba en la cama todo el día y sin darme cuenta pronto caí en una profunda depresión. Durante cinco interminables años, asumí una posición de adulta que no me hacía feliz.
Un día, una tía me invita a su casa. Era sábado por la tarde, estaba sola y no tenía otra cosa que hacer. Fui. Cuando entré un grupo de jóvenes de mi edad jugaban, se reían, se los notaba felices. Sinceramente, me intimidaban. ¿Se podría ser feliz o eran caretas del momento? Tenía que averiguarlo. Me quedé y aunque me sentía sapo de otro pozo, poco a poco me fui acostumbrando a las risas, al juego, a los cantos, a la vida… Si, me di cuenta que podía ser como ellos. En un momento, cada uno contó como llegó a ese grupo y sin duda, ellos también tenían razones para enojarse con la vida. No entendía, deberían estar amargados y encerrados en sus casas como yo lo hacía.
Uno de ellos comenzó a hablar de Dios. Dijo que antes vivía en una gran angustia, enojado con todo el mundo por las dificultades de su vida pero que había encontrado en Dios, un propósito por el cual vivir, un propósito que lo hacía amar la vida cada mañana al levantarse.
A esta altura no me cabía duda de que yo necesitaba “eso” y luego hablando con él me dijo: “Eso” se llama Dios.
¿Podría a esta altura entender semejante mensaje? ¿Podría abandonar toda esa cadena de angustia y enojos que me habían encerrado en mi propia burbuja? ¿Podría dejar de llorar por los rincones y desear morir? Tenía que averiguarlo.
Por eso, comencé a asistir a todas esas reuniones. Necesitaba encontrar lo que ellos tenían. Tenía que encontrarme con Dios. Poco a poco me integré a grupos donde aprendí de la Biblia, grupos que iban a ayudar a los más necesitados, grupos que se disfrazaban de payasos para divertir a los niños, viajes de ayuda social, retiros espirituales y un montón de reuniones más.
En realidad, no me di cuenta cual fue el punto bisagra en que toda mi angustia cambió, lo único que recuerdo es que un día me desperté y me di cuenta que me sentía feliz.
Me levantaba por las mañanas cantando, hacia las tareas de la casa, estudiaba, iba al club y aunque todo seguía siendo igual, yo estaba diferente. Un deseo de vivir enorme se había instalado en mi corazón. Ya no sentía ese vacío de afecto, ni esa angustia por la desprotección. Sin darme cuenta, me había reconciliado con Dios. Entendí que El siempre estuvo ahí para mi, pero era yo quien no quería hablarle, ni mirarlo, ni siquiera nombrarlo.  Estaba enojada y lo culpaba de mi tristeza sin darme cuenta que siempre estuvo a mi lado cuidándome. Estuvo en las cálidas manos de la madre de mi amiga que me cobijo en mi peor momento, estuvo en ese grupo de la escuela que fueron a contenerme, estuvo en el hombro de esas pequeñas amigas que contuvieron mi dolor, aún  en aquellas personas que me pedían fuerzas cuando no tenía ninguna porque eso me hizo más fuerte. El estuvo, pero era yo quien no podía verlo.
Pero el Señor con su infinita paciencia me esperó. Poco a poco fue trabajando en mi corazón, limpiando mis rencores, secando mis lágrimas y  un día mis ojos se abrieron. Aprendí que mi relación con él no dependía de un objeto como el rosario, ni de un rezo repetido de memoria, sino que era una charla de corazón a corazón con alguien que me comprende y ama, que sufrió mi dolor, que supo lo que era esa sensación de sentirse abandonado y que aún podía escuchar mis quejas y mis enojos, pero nunca me daría la espalda. Una mañana reconocí mi perdida sonrisa en el espejo y me di cuenta que alguien había cambiado mi tristeza en alegría y ese alguien fue Jesús. Te aseguro que Si necesitás ayuda, necesitás a Dios. No dudes en experimentar su amistad y recuperar tu sonrisa.